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Homenajear a Dámaso Pérez Prado es mi quehacer diario, señala

Hernán Muleiro

Especial para La Jornada

Periódico La Jornada
Domingo 24 de diciembre de 2023, p. 6

La calle del Salón Los Ángeles, en la colonia Guerrero, se ve diferente de día. Frente al inmueble, hay un mall enorme que ni siquiera había notado. Si vives aquí, la gente de colonias más fresas te preguntará si es peligroso, pero ¿han caminado por las calles de sus propias colonias absorbiendo la vibra de autosatisfacción y vacío mental que emana de muchos de sus habitantes? ¿No es eso peligroso también? Seas de donde seas, si buscas la historia de la música tropical la encontrarás ahí.

No es su reputación, ni la sugestión por la fama, ni la presentación de un listado de músicos que abarca siete décadas y confirma la noción de que México fue el laboratorio de música tropical del siglo XX a nivel continental; no, en el Salón Los Ángeles hay algo más y es una presencia fantasmal.

Jorge Borja, también conocido como Sonido Apokalitzin, realizó un altar a Dámaso Pérez Prado (1916-1989) en el recinto, aunque él prefiere llamar al hueco en el que lo colocó como una aparición. Su sonido realiza tributos constantes que atraviesan la historia de Pérez Prado, un homenaje que excede por mucha distancia la típica relación entre un artista y su fanático: El sonido es una operación de la memoria, una recuperación en la que Pérez Prado es el personaje principal y que está en todas partes: bodas, bautizos, calles. Esta devoción es para regresar lo que me dio el arte popular. Yo le llamo devociones perdidas porque están fuera de la iglesia: Valverde, la Santa Muerte, Fidencio, héroes populares que hacen milagros. El tributo de Borja se complementa con un set de vinilos dedicada a Pérez Prado, que planea continuar por siempre.

Para Borja, Pérez Prado reunió todas las condiciones para convertirse en un santo pagano de los tiempos actuales: “Mi trabajo es una forma de mostrar que él está en presencia y que es necesario rendirle devoción a su vida, que fue tan peculiar: viene de Cuba a la Ciudad de México, se nacionaliza, luego lo corren por hacer el Himno Nacional en mambo. Cuando Pérez Prado fue excomulgado de la religión católica, los santeros lo apodaron con el nombre de San Cara de Foca. El músico es ese personaje que excomulgaron, corrieron del país y murió en la pobreza, tiene las condiciones para ser santificado. Es un ser universal que está en casas pobres y ricas. Aparte era santero, su espíritu es el de la brujería blanca. Quiero regresar a Dámaso al imaginario popular para que todo el mundo pueda rendirle culto: es como cuando te compras un escapulario de la Virgen, no importa quién creó la imagen, lo trascendente es que exista. Esa devoción perdida son pensamientos no legalizados, underground: uno le rinde culto porque se siente en paz, feliz; es un espacio religioso en el que estás como poseído por algo que no controlas”.

Comienzo de Apokalitzin

En la historia del Sonido Apokalitzin se pueden entender las idas y vueltas de la cultura popular de los pasados 25 años: “Empecé a activar en 1998, en el cabaret La Perla, que estaba abandonado; al principio venían una o dos personas. El uso del término naco intenta desprestigiar una cultura importante y mexica, las clases aspiracionales que siguen predominando en nuestra cultura lo usan de forma despectiva y la recuperación del término era reivindicativa. De repente, estaba en eventos de drum and bass o bandas que tocaban lindo y con otros sonidos y artistas llegamos con la energía de lo naco: “Vamos a poner a Rigo Tovar, a Los Socios del Ritmo, a Chico Che y a enaltecer a Pérez Prado dentro de esa idiosincrasia mexicana, porque como aparecía en las películas de ficheras era considerado algo mal hecho y desproporcionado culturalmente. Tocábamos cumbia y nos corrían, porque la onda era la salsa nice.

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▲ Espacio destinado al altar del músico cubano en el Salón Los Ángeles.Foto Cristina Rodríguez

La parte de la recuperación se convirtió en una guerrilla, pero de repente empezó a ser aceptada por esa clase media intelectual. Parte de la filosofía era ir a los tianguis y entender cómo el pueblo trabajaba la cultura. Esos son lugares donde la música se lleva a un extremo, es el límite de lo bizarro que se vuelve moda. Eso nos pasó al sonido, éramos tan arriesgados que nos volvimos la onda. Los sonideros eran puros melómanos, algunos investigaban el Hi-NRG, entre otras cosas, pero eran los jodidos, los que no tenían derecho a pertenecer”.

Concierto para bongó (1966)

En la biografía de Pérez Prado puede notarse un alejamiento y luego una canonización por parte del público chilango: “Llega a la Ciudad de México y se vuelve el artista de moda, luego es el paria, se va a Estados Unidos y ahí graba su mejor música, por ejemplo, Concierto para bongó. En México se convirtió en un apestado porque su música se relaciona con bailarinas como La Tongolele; ese tipo de personajes que él presentaba como una ofrenda, generaron una onda pornográfica y por eso es excomulgado”.

México 70 y Voodoo Suite(1955)

Para Borja, Pérez Prado no era un traficante de influencias musicales, sino un gran asimilador de estilos: Es un ecléctico en la música, toca swing, a gogó, disco, rock. Un virtuoso que captura ciertas modas, las adapta al mambo y las vuelve parte de su imagen; ese cabrón tocaba de todo, de una manera muy suya y muy poderosa. Uno de los discos que capta este eclecticismo es México 70, un inconseguible disco funky: México 70 es a su regreso de Estados Unidos, junto con el Mambo de La Merced son ediciones limitadas de las más buscadas, fue lo primero que agarraron los coleccionistas, los melómanos del mundo”. Pérez Prado podía combinar ritmos de la santería cubana con el jazz, como en el disco Voodoo Suite (1955), y también tomar el pulso de las calles: “Cuando empieza a hablar de lo popular, por ejemplo, en el Mambo de La Merced: ‘El chile, la cebolla, uah’, no habla del chile sino de una historia que dice mucho; lo mismo pasa con las canciones El ruletero y El politécnico. A Pérez Prado lo adopta la juventud y la onda del rocanrol, actúa en películas con César Costa”.

El grito

Estamos hablando de un aullido y no es el de Ginsberg, ni el de James Brown, ni del cuadro de Munch, sino de Dámaso: “Es muy vudú, supuestamente dice ‘diiilo’, como insinuando métete en la onda; es muy incluyente para quien lo está escuchando o viendo, su grito se vuelve muy importante dentro de esta memoria de la cultura popular”.

Altares y símbolos

Jorge dice que la aparición de ese hueco en el que construyó su altar fue una especie de destino manifiesto: “en el Salón Los Ángeles se le homenajea con sus altares y sus símbolos. Toda la desbandada sonidera tenía de imagen a la Virgen o a San Judas, son los altares de los sonideros de barrio. Los santitos son de yeso o de resina, en el caso del altar un encapsulado, que es una técnica muy canera, la técnica del recorte con resina de cristal arriba. Estudié estos materiales porque quería que la gente compre un escapulario de Pérez Prado de la misma forma en que compran estampitas de la virgen.

El Salón Los Ángeles tomó a Pérez Prado. Cuando él llegaba era como un dios intocable que atraía multitudes. Viendo este espacio, puedes darte cuenta que por aquí pasó todo el mundo de la música popular mexicana: tocaron los mejores y de esos Pérez Prado era el más chingón. Homenajear a Pérez Prado es mi quehacer diario”.

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