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Inti-Illimani canta a la memoria de Salvador Allende y Víctor Jara

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▲ Los instrumentos de la agrupación chilena hicieron sentir al público como si volara por los Andes.Foto red social X de Inti-Illimani

Juan José Olivares

 

Periódico La Jornada
Jueves 19 de octubre de 2023, p. 8

El pueblo unido jamás será vencido, cantaban los reunidos en el auditorio Siglo XXI del IMSS. Era el final del concierto del grupo chileno Inti-Illimani. Histórico, por el cierre de las actividades artísticas y académicas en México para evocar que la democracia chilena fue arrebatada violentamente hace 50 años por una dictadura militar atroz.

Habían regalado un recorrido de música andina y llanera. El público, que cantó varios de los temas que han colocado a la agrupación como válvula de escape y de lucha social, insistía en un encore, el segundo de la noche tras dos horas de presentación. Los Inti tuvieron que salir para musicalizar himnos de pugna contra el imperialismo.

Iniciaron con la instrumental Tatati, tras una grabación de Salvador Allende convocando a la unidad popular, al aglutinamiento de obreros, campesinos, profesionales, dueñas de hogar

Sonaron las herramientas de sanación de Inti Illimani. Es decir, los instrumentos que le dieron una polifonía única para iniciar el viaje con los sonidos del charango, la quena, las zampoñas, el contrabajo, la guitarra, el guitarrón, el sikus, la flauta transversal, los bombos, los teclados y hasta el acordeón. Con ellos encendieron los motores para que el respetable recorriera tierras latinoamericanas.

El sonido de la zampoña y el charango hacía inevitable volar por los Andes, sentirse como cóndor y perderse en sus altas montañas. Cada vez que mencionamos a Salvador Allende tenemos nudo en la garganta, dijeron. Hemos dedicado nuestros conciertos a su memoria, como también a Víctor Jara, con quien trabajamos. Y sonaron El aparecido de Jara y Sensemayá, canto para matar a una culebra.

También se escuchó Alturas, Longuita, Dolencias y Danza, evocación a la festividad de tierras bajas, a su periplo por las planicies de la región cuando, luego de años, no podían hacer maletas para regresar a casa: era un grupo representante cultural del presidente Salvador Allende.

Apareció Tania Libertad para deslizar su timbre de voz y mezclarlo con las suaves armonías de la guitarra y la flauta transversal. Gracias a Inti-Illimani y Gracias a la vida (de Violeta Parra) se escuchó. Violeta, la Violeta, como le dice Horacio Durán, miembro original del grupo, estuvo también presente, como siempre con Run Run se fue pa’l norte y Rin del angelito; Takakoma, pieza tradicional en la que el charango dirige el camino al sendero rumbo a los Andes. También sonó Cándidos, que hace referencia a los latinos, que siempre sacamos (de donde sea) la esperanza, como el rostro del público, conmovido por su acústica plena de nostalgia.

El cajón sobresalió con ritmos negros peruanos, que a modo de cuasi vals puso a bailar al respetable con ojos y manos. Siguió el ritmo con Enciéndete candela (del decimista peruano Nicomedes Santa Cruz) y Un son para Portinari, y Ojos azules no llores más, cantó Horacio Salinas, otro miembro original de esta extraordinaria banda de fusión folclórica.

Como ráfagas de amor surgieron las canciones de los Inti. La exiliada del sur –de Violeta Parra– y El mercado de Testaccio que une la cuerdas de la guitarra y el charango con el sonido sublime del acordeón. Medianoche y Samba landó cerraban la noche del martes, la jornada acústica chilena que, Quilapayún, otro emblema del canto social folclórico polifacético, cerraría anoche en el mismo recinto.

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