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La Jornada: ¿La fiesta en paz?

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▲ La plaza de toros La Florecita, construida en 1967 por el doctor Alberto Narváez Estrada, será demolida en breve para dar paso a un proyecto inmobiliario como ocurrió con los toreos de la Condesa y Cuatro Caminos.Foto archivo

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erlitas: el prolífico y colonizado novelista peruano-español, premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, recientemente declaró: Me retiro como escritor, pero del arte de la tauromaquia eso es imposible. No faltó el maldoso que dijera: Deberías olvidarte del subtema taurino a ver si te haces escritor. No le vi sustento ni a aquél ni a esta… Si un torero llega a ser figura de los ruedos, tendrá los mismos intereses y perspectiva que los manejadores del sistema taurino. Entonces no hay salida, pues ese deteriorado esquema de negocio antes que sostenerse del público subsiste por su red de intereses y pobre oferta de espectáculo, la que no admite innovaciones que puedan exhibir su viciada estructura, observa un perspicaz.

A propósito de este triste pronóstico sobre los que aspiran a ser figuras del toreo, no sólo a figurar, y los promotores taurinos posmodernos, finalmente los del monopolio taurino se olvidaron de los Hermosos, los Castella y los Barrera para ofrecerle al público de Guadalajara, hoy domingo, un cartel a la altura de su tradición y taurinismo al anunciar a cuatro jóvenes toreros mexicanos que lo único que necesitan es que los pongan a alternar y a competir para convertirse, en el corto plazo, en nombres con imán de taquilla, capaces de generar sanos partidarismos frente al toro, no su aproximación.

Harán el paseíllo el hidrocálido Héctor Gutiérrez, el queretano Diego San Román, el moreliano Isaac Fonseca y el lagunero Arturo Gilio, los dos últimos con tardes exitosas aquí y en España y los dos primeros con reiterados triunfos en plazas de los estados. Inicialmente se anunció un encierro de la ganadería de Villa Carmela que, aunque parezca increíble, acudió a la plaza más importante del país a las atinadas, a ver si pegaba, y mandó unos ejemplares que fueron rechazados por las autoridades. Tan penoso incidente se sustituyó con una corrida de La Estancia, no obstante su escaso juego en la reciente corrida de Morelia.

Y aquí es donde aparecen, desbordadas, la imaginación y creatividad de los promotores taurinos del monopolio en Guadalajara, que no tuvieron mejor ocurrencia que poner las consabidas fotos de los citados alternantes, eso sí, con el nombre de cada uno debajo para que la gente los vaya conociendo y arriba, con un deslumbrante fondo sideral, Los 4 fantásticos, y en letras pequeñas, del toreo. ¿Habrá sido para atraer a jóvenes y niños? ¿Por la tauromaquia de fantasía de los diestros? ¿O porque la producción plástica de nuestros magníficos pintores taurinos ya no vende el espectáculo? Por tanta frivolidad está la fiesta donde está.

Adiós La Florecita, entrañable plaza de toros para 2 mil 500 espectadores en Naucalpan, que será demolida en breve para dar paso a otro proyecto inmobiliario, como ocurrió con los toreos de la Condesa y Cuatro Caminos, como ocurrirá con la Plaza Muerta, antes México, y con una fiesta que acabó descreyendo de sus valores y su grandeza para convertirse en nefasta terapia ocupacional de algunos. Allí empezaron Alfredo Gómez, Jorge Gutiérrez, Manolo Mejía, Alfredo Padilla, Valente Arellano, Cruz Flores y tantos más, gracias a la pasión y afición de la ejemplar peña taurina Don Dificultades y al alma de ésta, que fue Lalo Cuevas, santo laico de la fiestade los toros, como lo calificara el doctor Alberto Narváez Estrada, constructor en 1967 de La Florecita, bautizada así en honor de su bella y encantadora esposa. Fueron tiempos menos enrarecidos con aficionados más comprometidos, como dijera el soso ripioso.

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