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La Jornada: El eco transmite el vínculo con la tierra, algo que hemos perdido: Tatiana Huezo

El eco transmite el vínculo con la tierra, algo que hemos perdido: Tatiana Huezo

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▲ Fotograma del documental.Foto cortesía de la realizadora

Jorge Caballero

Enviado

Periódico La Jornada
Miércoles 25 de octubre de 2023, p. 7

Morelia, Mich., En febrero pasado, la reciente cinta de Tatiana Huezo, El eco, debutó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde obtuvo los premios a mejor documental y mejor dirección; a partir de ese momento la película ha viajado por 12 citas fílmicas de diferentes latitudes. Hoy hace su debut en el 21 Festival Internacional de Cine de Morelia.

El filme ha tenido un viaje muy intenso por muchos lugares del mundo, y Morelia es nuestro estreno nacional y pronto se proyectará en la localidad El Eco, en Puebla, porque no la han visto. Sin embargo, hoy vendrán dos familias que participan en la cinta para la proyección. Me emociona y me impone muchísimo entregarles la película porque su opinión es lo que más me importa, expresó la directora.

El Eco es un remoto pueblo anacrónico en Puebla, donde los niños cuidan de los abuelos y las ovejas. Mientras el invierno y la sequía azotan el lugar, ellos aprenden con cada acto, palabra y silencio de sus padres a entender la muerte, el trabajo y el amor. La película es una historia sobre el eco de las cosas que se adhieren al alma, en torno a la certeza del cobijo que podemos encontrar junto a los que nos rodean, la rebeldía y el vértigo frente a la vida. Sobre crecer, la pérdida y la esperanza.

Visceral y emocional

En opinión de Huezo, “el documental entabló un diálogo profundo con los públicos extranjeros, muy visceral y emocional. La película trata, además, el tema de la nostalgia con la que cualquier persona puede identificarse, como si fuera un exilio de la infancia, como eso que se quedó atrás, ese momento que pasó y lo que nos está habitando en ese momento. Esta empatía que logró El eco radica en que trasmite ese vínculo con la naturaleza y la tierra, que es algo que perdimos. Conecta por ahí de una manera muy emocional, en las funciones que he asistido a la gente le ganan las lágrimas… hay algo que pasa con el personaje de la abuela que nos conecta a todos: ‘yo también cuidé a mi abuela’, me lo han dicho en Francia, Alemania, España, ‘qué increíble ver una película mexicana que tenga tanta luz, tanta gracia’, es bonito que te digan eso en un momento en que el cine sólo habla de lo duro de lo que estamos pasando.

Es que los campesinos son seres extraordinarios y los niños están adquiriendo esta fortaleza y capacidad de resistencia que les están inculcando sus papás, la propia naturaleza y el cambio tan drástico del clima. Te enamoras de estos chamacos, quiero pensar que como no es un retrato romántico de la vida rural, que a pesar del amor que hay en la película y sus dificultades, estos niños tienen una capacidad de sobrevivencia enorme y herramientas que los van hacer salir adelante. Es una película que habla del ahogo económico que define el destino de los personajes y de la fragilidad de la vida rural campesina, señala.

Entrecerrando los ojos y apretando un poco los puños, Tatiana Huezo menciona: “tenía más de 15 años trabajando con temas muy dolorosos que me ensombrecieron un poco el alma y tenía ganas de que mi corazón descansara un poco; de hablar de México desde otro lugar porque no sólo somos eso. Es importante hablar del tiempo en que vivimos y de toda esta brutalidad que hemos vivido en el país, pero pienso que es importante voltear la mirada hacia otro lugar, desde la crianza, el vínculo con la tierra… desde hace tiempo estoy inmersa en el mundo de la infancia”.

Los ecos resuenan en la cabeza de Huezo después de concluir la cinta. Admite: el vínculo que formé con ellos fue muy profundo, nos volvimos familia. El aprendizaje de ver la belleza que hay en las cosas sencillas.

El eco marca el regreso de la directora al documental, luego de probar suerte en el género de la ficción con Noche de fuego (2021), película de la cual aprendió mucho, pues, afirma, le ayudó a experimentar con recursos diferentes a los convencionales en el documental, tales como la voz en off o el uso de entrevistas: fue una puesta en escena muy atrevida respecto a mis filmes anteriores. Es difícil hacer una película de esta manera, donde no hay una voz que te vaya conduciendo a través de los eventos, sino contando sólo por medio de las situaciones que registras y de la interacción entre los personajes.

Para Tatiana Huezo no se trata de una película que romantice el campo; por el contrario explora: los peligros de la sobrexplotación de los recursos naturales al tiempo en que ofrece una mirada íntima a los retos y dificultades que enfrentan las familias de la comunidad, poniendo especial atención en las infancias: muestra la condición de vida de los campesinos, la dificultad económica que los ahoga y donde las familias emigran. El eco es un elemento simbólico, metafórico, desde el cual hablas de cómo estos niños crecen en este lugar y cómo forjan su carácter y su identidad.

Algunos de los elementos más importantes en este documental son la fotografía y el sonido (a cargo de Ernesto Pardo y Lena Esquenazi, respectivamente), pues es por medio de ellos que se logra crear un lazo entre quienes habitan El Eco y quienes miran la película. Debíamos tratar al pueblo como un ser vivo que se ajusta con el viento y se enfría en el invierno, que se vuelve un desierto con la sequía. Los animales son seres humanos en esta película, cada gesto de éstos está potenciado, resaltó la directora.

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